Voy a empezar por el final, diciendo que volvería a este lugar mil y una veces más. Y es que durante las 24 horas que estuve en esta antigua masía del S.XI, reconvertido ahora en el Hotel La Vella Farga, no paré de fotografiar todo lo que me rodeaba. El entorno, sus jardines, las habitaciones, la piscina, los salones, la biblioteca… Sin duda, un paraíso para los amantes de la decoración, el relax, la gastronomía y la naturaleza.

El viaje empieza paseando por los jardines de la masía, donde encontramos una maravillosa y lujosa piscina cuyo horizonte se funde con la naturaleza. Si vienes al hotel, no pierdas la oportunidad de levantarte pronto para fotografiar la niebla tan característica de estas tierras leridanas.

El color del otoño en los árboles es místico y multicolor… Sin duda una de las mejores épocas del año para perderse y pasear por los caminos y mil bosques que rodean el hotel.

El interior del hotel es otro paraíso. Observé que cada rincón se había convertido en un espacio singular donde no hay nada puesto al azar. Todo está pensado y diseñado para crear pequeños escenarios de tranquilidad. Aquí te sientes como en casa y te contagias del arte del “slow living”. Libros, chimeneas, revistas, tableros de ajedrez, mantas y mucha paz…

¿Y por qué volvería mil y una veces más? La respuesta es muy sencilla, aunque es algo que no se puede fotografiar. En el hotel todos los empleados y camareros te regalan su felicidad más natural, porque se nota que aquí son muy felices. Y cuando esto ocurre, sólo puedes pensar en quien ha soñado en crear este maravilloso proyecto. Ellos son un matrimonio joven y excepcional, con mucho gusto, muy generosos y sobre todo, soñadores de un proyecto que por fin se ha cumplido: El Hotel Vella Farga.