Empúries (Ampurias) – Alt Empordà

En invierno, lo más lógico es viajar a lugares con nieve para desconectar de la ciudad. Pero a veces, hay que ir a contracorriente para conectar con el lugar que visitas y sobre todo, con su naturaleza.

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Calella de Palafrugell – Baix Empordà

Desde que nací, me he pasado toda mi vida veraneado entre las playas del Maresme y la pequeña isla de Menorca. Allí, crecí dándome mis primeros chapuzones, correteando por los espigones de las rocas buscando cangrejos, aprendiendo a ir en bicicleta, a bucear, a trepar por los árboles… Allí es donde empecé a saber lo que eran las excursiones, las aventuras, las pandillas de amigos, las largas noches verano y un sinfín de experiencias que llenan el pequeño baúl de los recuerdos de mi infancia. Ahora que «teóricamente» ya soy mayor y he sobrepasado mis 40 años de edad, voy a intentar seguir alimentando mis recuerdos, pero desde otro maravilloso lugar; el Baix Empordà.

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Hotel La Vella Farga

Voy a empezar por el final, diciendo que volvería a este lugar mil y una veces más. Y es que durante las 24 horas que estuve en esta antigua masía del S.XI, reconvertido ahora en el Hotel La Vella Farga, no paré de fotografiar todo lo que me rodeaba. El entorno, sus jardines, las habitaciones, la piscina, los salones, la biblioteca… Sin duda, un paraíso para los amantes de la decoración, el relax, la gastronomía y la naturaleza.

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Marbella Club

Hace poco más de un mes, viajamos toda la familia hacia el Sur para pasar unos días en el Marbella Club Hotel. Seguramente no podré resumir en estas cuatro líneas todo lo que hicimos, pero sí podré afirmar que no hace falta salir del hotel para desconectar, disfrutar de la gastronomía y realizar un sinfín de actividades. Yoga, sesiones de SPA, masajes, estudios holísticos, deporte, tratamientos de belleza… Sin duda, el hotel cuenta con un oasis natural reconvertido en paraíso del wellness.

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Monasterio de Piedra

Gris, marrón, verde, blanco, negro, rojo, naranja… y así hasta un largo abanico de colores. El Monasterio de Piedra es un cóctel de historia, naturaleza y hospitalidad que invita a perderse solo, en pareja o en familia. En este caso, fue una escapada junto a Carolina Ferrer, mi pareja y compañera de viaje. Durante tres días, estuvimos perdidos paseando y haciendo un millón de fotos por el claustro del Monasterio cisterciense, la iglesia derruida de estilo gótico, el lago espejo o las grutas que se esconden en la cascada de cola de caballo. Ríos y más cascadas, estanques de patos, árboles y flores de más de mil especies diferentes y todo ello, enmarcado en un otoño que nos regala unos colores asombrosos. No quiero olvidarme en este breve resumen de las centenarias piscifactorias donde crían todo tipo de peces, especialmente la trucha.

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