Gris, marrón, verde, blanco, negro, rojo, naranja… y así hasta un largo abanico de colores. El Monasterio de Piedra es un cóctel de historia, naturaleza y hospitalidad que invita a perderse solo, en pareja o en familia. En este caso, fue una escapada junto a Carolina Ferrer, mi pareja y compañera de viaje. Durante tres días, estuvimos perdidos paseando y haciendo un millón de fotos por el claustro del Monasterio cisterciense, la iglesia derruida de estilo gótico, el lago espejo o las grutas que se esconden en la cascada de cola de caballo. Ríos y más cascadas, estanques de patos, árboles y flores de más de mil especies diferentes y todo ello, enmarcado en un otoño que nos regala unos colores asombrosos. No quiero olvidarme en este breve resumen de las centenarias piscifactorias donde crían todo tipo de peces, especialmente la trucha.

TIPS:

  • Levántate a primera hora para entrar a solas en el parque. A media mañana suele llegar el grueso de visitantes.
  • Imprescindible cenar en el Salón de los Reyes de Aragón. Gastronomía y servicio exquisitos. Precio menú 22€.
  • Si tienes tiempo libre, vuelve a entrar en el parque. El paisaje cambia al amanecer y atardecer
  • Por la zona hay poco que visitar y que valga la pena. Como máximo, tienes el Restaurante Las Truchas con comida casera. Menú 12€
  • Hay zona del parque para niños y lo más importante y asombroso, espectáculo de aves rapaces a diferentes horas del día.