Hace poco más de un mes, viajamos toda la familia hacia el Sur para pasar unos días en el Marbella Club Hotel. Seguramente no podré resumir en estas cuatro líneas todo lo que hicimos, pero sí podré afirmar que no hace falta salir del hotel para desconectar, disfrutar de la gastronomía y realizar un sinfín de actividades. Yoga, sesiones de SPA, masajes, estudios holísticos, deporte, tratamientos de belleza… Sin duda, el hotel cuenta con un oasis natural reconvertido en paraíso del wellness.

Y para los niños, el Kids Club! Un complejo independiente situado dentro del hotel donde pueden bailar, cocinar, cuidar un huerto, bañarse en la piscina, jugar al futbolín, participar en talleres y realizar innumerables manualidades… ¡Es como un parque de atracciones pero donde aprenden jugando!

Tuvimos el lujo de alojarnos en la prestigiosa villa de Los Olivos, con dos gigantescas habitaciones, jacuzzi, salón y lo más importante, piscina privada para que los niños se lo pasaran en grande.

No quiero olvidarme de la gastronomía del hotel, especialmente de sus tres restaurantes más emblemáticos: El Grill, el Beach Club y el MC Café. Cada uno tiene su propia historia y  gastronomía, y sin saber por qué, todos ellos me trasladaron a los orígenes del hotel. Una época llena de nostalgia y sobre todo de diversión, donde el principal objetivo era y sigue siendo, hacer sentir a los invitados como en su propia casa.

Actividades, instalaciones y gastronomía inigualables… Pero lo que no podré olvidar nunca, es el magnífico trato humano recibido en todo momento. Todos las personas que trabajan en el hotel (recepción, camareros, jardineros, administración, marketing…) nos trataron con una naturalidad y amabilidad sorprendente. Es como si no forzaran nada, haciéndose notar que son felices trabajando en un paraíso al que espero volver a visitar.