No es fácil volver a la rutina después de las vacaciones de Navidad. Han sido unas fechas en las que hemos desconectado del estrés que provoca el trabajo y el día a día, para reencontrarnos con nuestras familias. Pero ahora ya ha pasado todo y llega el momento del sosiego, la paz y la tranquilidad. Apetece estar en casa y en cierta medida, volver a la rutina. Pero, ¿qué pasará cuando ya no puedas más y necesites volver a desconectar?

El año pasado Carolina, Maia y yo estábamos buscando un lugar de ensueño para desconectar, hacer un “reset” y cargar pilas después del verano. La idea era escaparnos un par de noches a un sitio no muy lejos de la ciudad, pero sí rodeado de naturaleza. Así que nos decidimos por un hotel con encanto llamado Mas el Mir.

Mas el Mir, es una antigua masía catalana cuyos cimientos se remontan al S.XIV, pero que actualmente está totalmente reformada y decorada con un estilo que mezcla lo rural y bohemio para teletransportarte, física y mentalmente, a un universo donde el tiempo se detiene.

La dueña de este pequeño tesoro del Ripollés se llama Eva y siempre le acompaña su querida perra Trini. Ambas forman una dupla de almas tranquilas que derrochan felicidad y ganas de que te sientas como en casa.

Una vez allí, nuestro objetivo fue el de no preocuparnos de nada. Simplemente dejarnos llevar y dejar que pasara el tiempo… Salimos a pasear para descubrir los misteriosos gorgs (piletones) de los que todo el mundo habla. La verdad que son sorprendentes y una vez allí, aprovechamos para darnos un pequeño baño tal y como vinimos al mundo (de este momento no tengo fotos) 😉

Para no tener planes, al final nos acabaron saliendo más ideas. Nos perdimos por el bosque, charlamos tomando tés y cafés, nos sentamos durante horas frente a la ventana de la habitación para contemplar el infinito paisaje que nos rodeaba.

Al haber pocas habitaciones, quedarse en la Masía también fue un gran plan. Chimenea, biblioteca, un gallinero reconvertido en porche para tomar el té e incluso una piscina exterior para darse un chapuzón. ¡Nosotros ya estamos pensando en repetir con Lucas y Berta porque nos llovió bastante y hacía frío!

Si eres de culo inquieto como nosotros, también te apetecerá salir por Ripoll para ver si el mundo sigue girando. Y así es… en esta pequeña ciudad (a 10′ min en coche), hay un montón de cosas por visitar. Pero lo que más nos enamoró fue el Monasterio de Santa María. Fundado en el S.IX por Wilfredo el Velloso, ocupó un gran legado en la historia y acabó siendo lugar de enterramiento de los Condes de Barcelona y Besalú. ¡Su portalada llena de iconografías nos dejó sin palabras!

¡Pronto nos veremos Eva!

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