En este post voy a enseñarte los lugares que visité durante mi último viaje a Holanda, pero mi objetivo no es convertirlo en un álbum lleno de fotos, si no en una especie de relato para explicarte las sensaciones y emociones que tuve tras visitar las ciudades de Rotterdam, Utrecht y Amersfoort.

Era la primera vez que volaba a Holanda y me enamoró desde el primer momento. Había oído cosas muy chulas sobre este país; que todo el mundo iba en bicicleta, que tenía muchos canales, flores, tulipanes y molinos. También me contaron que no tenía montañas y que los holandeses calzaban zuecos de madera. Esto último no lo llegué a ver… ¡pero sí pude ver todo lo demás!

El objetivo del viaje a Holanda era documentar la vida de las ciudades a través de mis fotografías. Un viaje programado para hacerlo en 4 días y 3 noches (2 días en Rotterdam, 1 día en Utrecht y 1 día en Amersfoort). Todo super bien organizado y con las mejores expectativas porque viajaba con Vueling , la Oficina de Turismo de Holanda. , mi hija Maia y mi mujer Carolina Ferrer. También nos acompañaron en el viaje talentos de Okiko Talents como Esther Bellón, Maria Tilve, el fotógrafo David Olivas  y un grupo de fotógrafos italianos.

Quienes me conocen bien, saben que yo estoy acostumbrado a hacer fotografías de mi familia y de la naturaleza. Hacer fotos de la vida en una ciudad resultaría un gran reto para mi. Pero me llevé una sorpresa nada más aterrizar… No sé si la comparación será buena, pero las ciudades de Holanda me recordaron a la vida de los pueblos. A pesar de tener cientos de restaurantes, museos, negocios y millones de personas viviendo en ellas… el ambiente era muy relajado, mucho más que el que te puedas encontrar en las grandes urbes de otros países. En una de mis publicaciones de Instagram llegué decir que en las ciudades de Holanda «parece que los perros no ladran, los niños juegan en voz baja, las ambulancias las ves, pero no las oyes…»

El viaje empezó en Rotterdam, una ciudad con grandes canales que la convierten en una ciudad portuaria muy importante a nivel internacional. Desde sus inicios, siempre ha sido una ciudad muy relacionada con el nuevo continente, de ahí que tenga una gran similitud arquitectónica con Nueva York, Chicago…

Para visitarla, te recomendaría hacer noche en algún hotel céntrico como el Room Mate Bruno. Desde allí, puedes pasear tranquilamente hasta el Hotel New York, Fenix Food Factory y luego ir a cenar a los restaurantes de la plaza Deliplein, donde encontrarás varias alternativas gastronómicas. Nosotros cenamos en De Martroos en Het Meisje.

El segundo día en Rotterdam fue mucho más intenso, pero nos dio tiempo a hacer muchísimas cosas. Primero paseamos por los canales de la ciudad en un Water Taxi (es un poco caro pero la experiencia vale la pena). Luego fuimos caminando por los muelles de la ciudad hasta el Restaurante Aloha;  un restaurante muy carismático y con grandes vistas de los canales. Después de comer, pudimos callejear hasta el Markthal, el mercado cubierto más grande de Holanda! Vale la pena visitarlo porque si lo haces, encontrarás justo al lado el sorprendente edificio de las Casas Cubo .

La tarde en Rotterdam también fue bastante intensa porque nos fuimos a pasear por Witte de Withstraat, un calle con mucho ambiente y gente joven para tomarte las mejores patatas fritas (Frietboutique) y la mejor hamburguesa de la ciudad (Ter Marsch & Co). Pero si eres de los que buscan una opción más sofisticada, apúntate este restaurante: Héroine

Utrecht ya es otro cantar. Aquí es cuando realmente me enamoré de Holanda. En esta ciudad sí que todo pasa más despacio, es realmente tranquilo y a mi parecer mucho más bonito. Reinan las calles de asfalto negro con edificios de obra vista y ladrillo oscuro, los carriles siempre llenos de bicicletas pero en perfecta armonía con los pocos coches que circulan por la ciudad. Destacar que en este país vi una alta concentración de coches Tesla, lo que me hace pensar dos cosas: los holandeses tienen un poder adquisitivo mucho mayor que el nuestro y están mucho más avanzados que nosotros en temas de concienciación por el medio ambiente.

Para visitar Utrecht no debes complicarte la vida, simplemente déjate llevar por sus callejuelas y canales. Verás que cada esquina que cruces es un buen lugar para disparar tu cámara y llevarte un gran recuerdo. Como «hot spots» te recomiendo dormir en el Hotel Beijers . No recuerdo un hotel con habitaciones tan bonitas, todas ellas diferentes y con colores que te quitan el aliento. La nuestra era una combinación perfecta entre burdeos y negro, pero sé que había más habitaciones con colores mucho más atrevidos como el rosa o amarillo.

También es recomendable visitar la Torre Dom (que durante nuestra estancia estaba rehabilitándose), la biblioteca de la Universidad , el Restaurante Streetfood Club (brutal para hacer un bruch) o el Museo Miffy de Dick Bruna (nada que ver conmigo).

Nuestro viaje terminaría en la ciudad de Amersfoort… Y si hasta ahora habíamos notado mucha tranquilidad en la vida de Rotterdam y Utrecht, en Amersfoort fue sublime. Creo que nos cruzamos con unas 20 personas durante el tiempo que estuvimos en esta ciudad. A mi parecer, se trata de una ciudad con un ambiente desangelado. Pero luego me contaron que esta ciudad suele ser una «ciudad dormitorio» para la gente que trabaja en Utrecht, donde los precios de la vivienda suelen ser más caros.

Amersfoort impacta nada más verla porque lo primero que ves cuando llegas a la ciudad es una impresionante muralla construida hacia el año 1300 d.C. (Koppelpoort) . Una vez cruzas sus muros, parece que viajes en el tiempo para sumergirte en una ciudad donde el tiempo realmente se detiene (a excepción del Mondrian House) … Pero al salir de ella, se respira un ambiente joven de personas cargadas de nuevas ideas y nuevos proyectos que buscan el futuro de una ciudad que tiene como objetivo seguir adelantándose a los tiempos de hoy.

Por último, y si quieres un buen sitio para comer antes de regresar al aeropuerto, reserva mesa en el restaurante Dara.