Esta isla me ha dado una gran lección de humildad. Sin haberla visitado antes siempre había renegado de ella. ¡Estaba tan equivocado! Nada más bajar del ferry me enamoré de ella, no sólo por sus aguas turquesas y cristalinas, las puestas de sol o la atmósfera de paz y tranquilidad que transmite la isla, sino también porque Carolina me enseñó una Formentera como nadie me la podría haber enseñado jamás.

HOT SPOTS: