Cuanto más viajo al Empordà, más me enamoro del lugar. Desde mi niñez, he veraneado en el Maresme y en Menorca, pero desde el año pasado he realizado “viajes relámpago” junto a Carolina a lugares maravillosos como Calella de Palafrugell o Empúries. En esta ocasión, he tenido el privilegio de pasar una noche en el Hotel Peralada, para vivir una experiencia gastronómica en el Castell de Peralada Restaurant.

El fin de semana comenzó a primera hora con una mini caminata por el campo de golf y los verdes campos que separan los pueblos de Peralada y Cabanas. Parecía que iba a llover y soplaba un intenso viento de Tramontana (un viento frío y fuerte que baja desde las montañas y azota la costa del Mediterráneo). Pero si me conoces bien, sabrás que a mi me gusta mucho el mal tiempo para hacer fotos (cuanto peor… ¡mejor!). Esta vez, paré en una cuneta de la carretera para disfrutar de los sonidos de la naturaleza, la puesta de Sol y los pequeños bosques de árboles donde pude hacerle algunas fotos a Carolina.

A la mañana siguiente, me desperté pronto para conocer el campo de golf por dentro; su casa club, el restaurante, la biblioteca, la vinoteca, y también sus lagos y jardines…  Después, me escapé un par de horas a la costa (un trayecto de 15  minutos en coche). Visité las playas de Grifreu, Garbet y Colera, pero no eran como esperaba. Me imaginaba playas con el típico puerto de pescadores, pero eran playas con poco encanto. Por eso decidí investigar un poco más con el coche y encontré un camino que conducía hacia la Ermita de Sant Miquel de Colera. Desde la carretera hay un trayecto de aproximadamente 35 minutos. A mí no me daba tiempo, pero las vistas de la costa desde lo alto de la montaña vale la pena verlas.

A las 13 horas regresé de nuevo a Peralada para reunirme con Laura Ponts, MJ y Carolina Ferrer. Estaba a punto de disfrutar de una mis mejores experiencias gastronómicas de mi vida. La comida tuvo lugar en una sala reservada en el interior de una de las dos torres del castillo. Realmente fue una magnífica comida donde reinó la gran variedad, originalidad y creatividad culinaria del chef Xavier Sagristà. Si algún día tienes la oportunidad de comer allí, te recomendaría el Menú Degustación del mediodía y si puede ser, con maridaje de vinos. Y si tu intención es ir durante los días de concierto, también tienen un Menú para el Festival. Creo que no voy a olvidar jamás el trato que recibí de sus equipo de camareros y mucho menos del amplio surtido de más de 54 quesos que nos tenían preparados. Toni Gerez nos hizo una presentación muy completa de cada uno de los 54 quesos, indicando su procedencia, sabor, elaboración, premios… ¡Algo memorable y apto para todos los paladares!

Sin lugar a dudas me voy de Peralada con muy buen sabor de boca. Su naturaleza, sus costas, su gastronomía…  Pero ahora ha llegado el momento de hacer las maletas por un tiempo, llegar a casa y desear la pronta llegada del bebé que nacerá en muy pocos días.